El Planning y la Arquitectura (y el peligro de las Torres de David). Por Nestor Rivero

Nestor RiveroNestor Rivero (@NestorRivero). Planning Director. JWT Venezuela.

La arquitectura es una de las metáforas predilectas usadas en el planning. Solo nombrarla nos remite a palabras como orden, construcción, pensamiento, planos, perspectivas, bases, entre muchas otras. Palabras que sin dudas son parte de nuestro vocabulario al hablar de marcas y de nuestros procesos de trabajo.

Revisemos esta definición de arquitectura proporcionada por el magnífico arquitecto y pintor Le Corbusier:

La arquitectura está más allá de los hechos utilitarios. La arquitectura es un hecho plástico. (…) La arquitectura es el juego sabio, correcto, magnífico de los volúmenes bajo la luz. (…) Su significado y su tarea no es sólo reflejar la construcción y absorber una función, si por función se entiende la de la utilidad pura y simple, la del confort y la elegancia práctica. La arquitectura es arte en su sentido más elevado, es orden matemático, es teoría pura, armonía completa gracias a la exacta proporción de todas las relaciones: ésta es la “función” de la arquitectura“.

Casi me veo tentado a sustituir la palabra arquitectura por la palabra planning, pero no cometeré tal exabrupto. Sin dudas, Le Corbusier buscó elevar el espíritu de lo que para él era un propósito de vida y no una mera actividad. Es como si hubiese querido decirnos que no se trata de construir casas, a secas, que de lo que se trata más bien es de darle formas y armonías a la vida humana.

En nuestra disciplina ocurre algo parecido. Queremos y nos exigen ser funcionales o prácticos en el día a día con las marcas, pero a la vez buscamos encontrar un sentido trascendente. Para eso hacemos estrategias. Las estrategias son el puente que busca cerrar la brecha entre lo funcional y lo elevado. Vivimos en permanente tensión entre ser pragmáticos y ser trascendentes, cuando a veces esa es una dicotomía falsa.

De hecho, el planning como proceso tiene dos grandes momentos, no siempre conscientes en nuestro quehacer cotidiano:

El primer momento, el de la utopía, de elevación de las ideas y el uso activo de la imaginación. Cuando tenemos ante nosotros una marca y un papel en blanco para hacer estrategias, siempre nos trasladamos a ese espacio remoto, a ese mundo utópico que queremos que tenga la marca.

El segundo momento, el del aterrizaje a la realidad, es cuando posamos de nuevo la marca en la vida cotidiana de las personas a través de conceptos, productos y funcionalidades varias. O cuando lo idealizado adquiere forma en la realidad.

Con frecuencia tenemos la tentación de saltarnos el primer momento y pasar directo al segundo. Si al final lo que importa es la relación de la marca con las personas, para qué soñar con mundos etéreos, podrían pensar algunos. La verdad es que una marca que no ha pasado por esos espacios utópicos carece de ideales y es incapaz de hacer soñar a quienes se relacionan con ella.

Pasar directo al segundo momento es como pretender que Alicia sea la misma niña haya o no haya hecho su descenso por la madriguera del Conejo Blanco vestido de traje. Después de todo, ¿quién puede ser el mismo luego de conocer al Gato de Cheshire o a la Reina de Corazones?

Pero como todo en la vida, existen las sombras. La arquitectura –y mucho menos el planning- no escapan a esta realidad. Incluso, si queremos verlo desde el punto de vista de la teoría analíticade C.G. Jung, la sombra representa el inconsciente, lo no reconocido, lo que no queremos ver en nosotros y proyectamos en los demás.

Los peligros están siempre a la orden del día, tanto en la arquitectura como en el planning. ¿Quién puede predecir que proyectar un majestuoso edificio o hacer una gran estrategia puede terminar en uncementerio de elefantes blancos?

Las Torres de David (ver links) están a la vuelta de la esquina de cualquier proyecto.

Para quien no conozca la referencia, la Torre de David es una mega construcción ubicada en el centro de Caracas, proyectada como un centro financiero a la altura de las grandes capitales del mundo de finales de siglo XX. Pero el entorno cambió, el país se nos vino encima y lo soñado tuvo que mutar para sobrevivir.

Del proyecto original solo quedó el cascarón y la magistral pieza arquitectónica derivó en un gigantesco lunar en plena ciudad que fue invadido por aproximadamente dos mil familias sin hogar.

La gran lección – si es que la hay-, es que podemos soñar y levantar gigantescas estructuras en hormigón o en powerpoint. Pero sin alma, sin conexión con la realidad, sin los pies en la tierra, todo está condenado al fracaso. Hasta el edificio con las bases más sólidas.

Cierro estas líneas con otra frase de Le Corbusier:

«Los materiales del planeamiento de la ciudad son: cielo, espacio, árboles, acero y cemento. En ese orden y en esa jerarquía»

De lo general a lo específico. El contexto como frontera maleable y como plataforma que sirve de marco a lo que queremos construir.

Toda una lección para los planners.

Referencias:

http://torredavid.com/

http://www.ultimasnoticias.com.ve/la-propia-foto/la-torre-de-david.aspx

http://www.theguardian.com/cities/gallery/2014/feb/12/la-torre-david-vertical-slum-caracas-venezuela-tower#/?picture=429561757&index=6

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